Fútbol Sala Base; aprendiendo a aprender…

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Fútbol Sala Base; aprendiendo a aprender…

Autor: |31/03/2019|Categoria: Artículos de opinión, Magazine|Etiquetas: |

Escribo estas líneas de carácter reflexivo desde la perspectiva de muchos años de experiencia, el ensayo error, de aprender de muchos golpes, apoyándome en profundas conversaciones con refutados compañeros y con toda la honestidad y el ánimo constructivo del mundo. Las escribo para compañeros, padres y aficionados desde la convivencia y la proximidad.

Puedo presumir de que tengo la gran suerte y el gran privilegio de ser profesional de esto, lo cual engloba dos aspectos importantísimos: tener la teoría, y poder aplicar la práctica constantemente, además de contar también con la madre de la ciencia; la experiencia. Aspectos complementarios, sinérgicos e indispensables para poder ser críticos con nuestro propio trabajo.

Queremos correr y no sabemos andar.

Estoy bastante habituado de, para mi sorpresa, hablar con compañeros de otros clubes externos al colegio y al C.D. Alkor – Villalkor que me dicen que entrenan a cierto nivel y que no pueden pararse a explicar un concepto técnico o táctico básico. ¿Estamos locos? Cadetes que juegan de 5 y no dominan el control orientado, benjamines con seis jugadas de estrategia que no saben sacar de banda… El símil que pongo siempre es que: para saber multiplicar hace falta dominar la suma, y hace falta dominar la suma tengas 8 o 18 años. El tiempo es seguramente el recurso más valioso para un entrenador, aprender a optimizarlo, dominarlo y explotarlo es muy complicado. Por eso debemos decidir dónde y cuándo invertir, no sólo nuestro tiempo, sino el de todos nuestros jugadores. El tiempo invertido en dominar un concepto básico que se da por sabido erróneamente es fundamental, nunca es tiempo perdido. Es nuestra obligación dominar la suma antes de multiplicar, y cuando los jugadores vienen con carencias conceptuales, no a nivel de ejecución sino a nivel conceptual, debemos comprender que la culpa es de cualquiera menos suya y nuestro trabajo es, siempre, enseñarles a sumar tengan la edad que tengan. Como complemento a esta idea cuento que durante las primeras 8 sesiones de entrenamiento de pretemporada este agosto entrenando en 1ª División Femenina en Leganés invertimos 5 tareas conceptuales en situaciones ofensivas y defensivas de 2vs2 y 3 tareas más para situaciones de 1vs1, y lo hacemos con todo el gusto y con toda la responsabilidad del mundo, en primera división, en élite, todavía hacemos trabajo (mucho) del control y del pase, de controles orientados en una situación táctica concreta, de lateralidad, uso de la pierna no dominante, del gesto técnico de la paralela y su trayectoria dependiendo de a la altura de la pista que la juguemos y de infinidad de conceptos “básicos”; además complementamos este trabajo con la parte de vídeo en la que cada dos semanas tratamos de incluir cortes con correcciones, en muchos de los casos de carácter técnico y en gestos que comenzamos a trabajar en primeras edades y todavía tienen margen de mejora. Porque hace falta dominar la multiplicación antes de la división… y siempre hay más operaciones detrás.

“Súperbase”, 4 y 5 años.

Por qué no (re)inventar la competición.

En este sentido ser entrenador de súperbase (4 y 5 años) nos da una ventaja preciosa: tenemos que empezar desde el principio, desde cero. En contra: la edad, la baja atención, la baja eficiencia motora, el comportamiento, la poca especificidad de la actividad deportiva, la comunicación, el tiempo de práctica útil, etc… A favor, insisto: poder empezar desde cero. No tener que dar nada por sabido. Desde el principio: el calentamiento, coordinación, el control con la planta, el pase con el interior, levantar la cabeza para mirar alrededor, intentamos emparejarnos con los niños del otro equipo cuando ellos tengan el balón, y… pasárselo bien. Desde luego no los tratamos como adultos pequeñitos, quizá tenga que ver el hecho de que no lo son, ¡los tratamos como a niños! Pero cuando llega el partido de los viernes y vemos que el partido se disputa en el campo de los adultos (40x20m), que además nos dejan jugar con niño más y que es harto complicado aplicar algunas de las cosas que trabajamos durante la semana me planteo muchas cosas.

Desarrollo mi idea; por ejemplo, y extrapolando a alto nivel: cuando todo un equipo está defendiendo (la defensa táctica colectiva del grupo es de 4 jugadores más portero) depende de una buena defensa individual de cada jugador, de su zona, de su par, del dominio del espacio, de su duelo individual, de la posición del cuerpo, la orientación, de dónde está el balón, de quién lo tiene, de en qué pierna, etc… la defensa del 4vs4 es muy complicada pero es “perfecta” si cada individuo defiende bien su 1vs1. Cuando a alto nivel queremos implantar, trabajar, mejorar, un sistema defensivo comenzamos trabajándolo desde el 1vs1: brazos abiertos, posición lateral, centro de gravedad bajo, etc… y cuando lo dominamos pasamos al 2vs2: cobertura, comunicación, elección del perfil, posición del segundo jugador, etc… ¿Y a la hora de atacar? Es más fácil intentar hacer un regate o un slanon (1 jugador) que dar un pase, con su consiguiente recepción, y hacer una pared (2 jugadores) y es más fácil esta opción que hacer una trenza (3 jugadores). A más jugadores -> mayor complejidad. Esto repercute en la disposición táctica, la herramienta técnica, el espacio para actuar, el tiempo de reacción, la toma de decisiones, el estrés, la baja aplicación del trabajo previo hecho en el entrenamiento, etc… Evidentemente es más sencillo jugar un 3vs3 + porteros que un 4vs4, entonces ¿por qué en estas categorías jugamos un 5vs5 + porteros? Lejos de simplificar la competición lo único que estamos haciendo es aumentar su complejidad, reducir la tasa de espacio/jugadores y aumentar los estímulos. Podríamos adaptar las dimensiones del terreno de juego, hacerlo más pequeño, hacer dos campitos y jugar dos partidos simultáneos con miniporterías, hay muchas opciones. Podíamos jugar tipo indoor, un 3vs3 sin porteros y que las fueras estuvieran cerradas y no existieran para que no se perdiera nada de tiempo y todo fuera “jugar”; aunque es cierto que esta propuesta sería a nivel infraestructural inviable.

Volviendo al punto anterior: ¿Qué es lo que vemos en un partido de súperbase? A todos los niños corriendo detrás del balón, ¿deben aprender eso? Creo que no ¿por qué? Porque no se trata de una situación real, ni con transferencia técnico táctica, porque la toma de decisiones en esa vorágine es nula (sólo correr al remolino). Más aún cuando nuestro deporte se caracteriza por un buen trato del balón, contactos con mucha frecuencia, alta participación,

la tasa de jugadores/balón es más baja comparada con otros deportes como el balonmano, baloncesto, fútbol 11, hockey, etc… ¿cómo podemos favorecer que aprendan de una situación “más real”? Más espacio útil y menos jugadores ¿quién destaca en la situación anterior? El que más corre, el más rápido. Ni el que es bueno técnicamente, ni el inteligente, sólo el rápido. ¿Le estamos ayudando?

Nuestra metodología en entrenamientos.

Nosotros en categorías de 4 y 5 años tratamos de seguir una estructura de trabajo que englobamos en ciclos de cuatro sesiones, dos semanas, con unos 35/40’ útiles de tiempo por sesión. A lo largo de estas cuatro sesiones dedicamos una a hacer un recorrido o un circuito (no es lo mismo) técnico coordinativo para mejorar gestos técnicos concretos, y habilidades motrices básicas. Trabajamos control y pase, golpeo de cuchara, de volea, equilibrio, coordinación oculomanual, desplazamientos en todas direcciones, lateralidad, ¡todo lo que podemos! A veces lo hacen de forma individual, otras por parejas, tríos o cuartetos. Introducimos elementos tan variados como podemos: escaleras de coordinación, conos altos y bajos, vayas, ruedas, aros, porterías, bancos, miniporterías, balones de fútbol sala, voleyball, pelotas de tenis, de foam, de balonmano; todo tipo de material con la intención de cada dos semanas diseñar un circuito o recorrido distinto y que nunca sea monótono. Durante la misma tarea introducimos variaciones, nuevos elementos, ajustamos los errores, optimizamos,  cambiamos el sentido de la marcha e interactuamos todo lo posible para que la tarea nunca decaiga. En otras dos de las sesiones nos salimos del encasillamiento anterior para trabajar libremente por todo el campo ya sea con pases, conducciones, regates o finalizaciones, nunca tratamos de acotar el espacio/tiempo, poner conos para marcar las zonas de salida y recepción de los pases, etc… Creemos que el caos y la anarquía favorecen la percepción espacio/temporal, el concepto  “estar atento de no chocarme con otro compañero mientras que doy pases con Pablo” tiene una transferencia perceptiva/atención directa al juego (levantar la cabeza o medir el timing), sin embargo pasar de un cono a otro no lo tiene. La evolución e involución natural del juego es: el rondo, el partido llevado a su simplicidad máxima, gestos técnicos, competición, atención, carga táctica y toma de decisiones todo en uno. En muchos de estos entrenamientos acabamos jugando un partido corto. La última de las sesiones la dedicamos íntegramente a jugar partido, lo más libre posible, y es aquí dónde hacemos especial hincapié en las normas propias de la competición y en todas las correcciones que no podemos hacer los viernes o los sábados por montones de cofactores que escapan a nuestro control dentro de la cabeza de un niño de 6 años: la euforia, la emoción, la presión del entorno, la grada, los niños del otro colegio, la familia en la  grada, un señor que es el árbitro, etc…

La joya de la corona, el partido.

El partido es un cóctel muy complejo dentro de la cabeza de un niño pequeño (ya lo es dentro de la cabeza de un adulto…) que está aprendiendo a jugar y juega un partido cada 15 días, ¡para la mayoría es todo un reto correr de espaldas más de 10 metros sin caerse! Como encima para jugar, hacer caso a los doscientos estímulos que le llegan, a su entrenador, parar el balón con la planta del pie, aprenderse las reglas, escuchar el pitido del árbitro, hacer caso a las instrucciones de papá (que casualmente son siempre distintas a las del entrenador), tener en la cabeza aquella frase del abuelo que decía “por cada gol que metas te doy 2€” que ya no sólo limita el aprendizaje, la toma de decisiones, y la autonomía del niño sino que además nublan su criterio, elimina la opción del pase de gol a otro compañero, e infinidad de contraproducencias… Una vez vi a un niño de 4 años hacer una conducción de 25 metros con el balón a una velocidad de vértigo, driblar a dos rivales y cuando llegó contra el portero chutar al muñeco, espectacular, pero más espectacular aún fue escuchar a su padre en la grada decir “¡regatéate al portero!”, si sólo le ha faltado hacer el pino puente pensé yo para mis adentros. El caso es que además, tratando de cuantificar el tiempo que le dedicamos a la “competición”, en el caso de un equipo con un número coherente de niños que jugaran todos tiempos parecidos si la cosa fuera muy bien estarían jugando 20’ cada dos semanas, que es la friolera de 1/8 del tiempo que entrena. Yo a mis jugadoras de primera división les digo: entrenamos 7 horas a la semana, otras 4 o 6 de transporte en ir a entrenar y volver, otras 2 horas de tiempo que estamos en el polideportivo antes y después de entrenar, preparar el material, el tiempo del viaje al partido, etc… Rozan las casi las 30 horas de dedicación: trabajo, transporte y preparación al trabajo para competir 40′, alguna juega 25′ y otra 6′, para que el partido se decida en dos detalles, en 8 segundos, en 4 decisiones. La competición es cruel, hacer lo que entrenas en el momento y lugar adecuado, en fatiga, con una gran presión ambiental, es muy difícil…. Poneros en su lugar y… ¡ahora imaginad que tenéis seis años!

Otra posible alternativa de gestión.

Mi amigo y compañero Isidro López-Santacruz, Tito, que es de largo el mejor: pedagogo, maestro, y profesor que conozco; amén de exjugador profesional de fútbol sala, tras más de veinte años de profesión se ha convertido en un ferviente defensor de la idea de que en los partidos de base, sobre todo en súperbase (prebenjamines y benjamines) el entrenador debería estar callado y tan solo limitarse a hacer los cambios, alguna señal tremendamente puntual,  correcciones a los niños que se encuentran en el banquillo y… durante el partido a nada más. Con esta idea se reafirma la toma de decisiones de los niños, el aprendizaje por ensayo error, el aprendizaje colectivo, el aprendizaje por descubrimiento guiado, disminuimos la competitividad, incentivamos la toma de decisiones total por parte de los jugadores y, en definitiva; hacemos muchísimo más “sin hacer nada”. Toda esta exposición debe der acompañada de un complemento correctivo y comunicativo muy grande en las sesiones de entrenamiento. Mucha libertad requiere de mucha cooperación, comunicación y

trabajo previo. Con este sistema quizá estuviéramos invirtiendo a largo plazo, pero claro… es un concepto muy complicado que un niño de 6 añitos pierda una espalda y ni su entrenador, ni la veintena de familias que ven el partido desde la grada le digan nada. Sobre el papel me parece una propuesta formidable, pero a efectos prácticos estamos muy lejos de poder llegar a conseguirla.

 

Dosis de sobria realidad.

La realidad del fútbol sala a este nivel es: en un porcentaje altísimo de los casos, los niños que son más mayores ganan. Fin. No suele ser una cuestión de talento, simplemente a mayor coordinación general, mayor psicomotricidad, mayor tamaño y mayor zancada: mayor rendimiento. En igualdad de condiciones siempre ganan los niños mayores, y si los mayores son flojitos y los pequeños muy buenos el resultado esta competido. Independientemente de cuál sea el nivel de los niños dentro del rango propio de su edad. Además es muy habitual ver que niños de un curso menos que cumplen los años en noviembre o diciembre compiten contra otros de un curso superior que casualmente los cumplen en enero o febrero, en esos casos estamos hablando de una diferencia de 20 meses en una etapa exponencial del crecimiento y del desarrollo, la diferencia es inevitablemente insalvable. Personalmente he tenido niños muy inmaduros, despistados, apáticos y poco motivados un año, los he perdido de vista en las vacaciones de verano y cuando hemos retomado la actividad en octubre habían experimentado un pico de crecimiento y dado un cambio radical. No debemos agobiarnos, compararnos ni frustrarnos, cada uno tiene sus propios ciclos de crecimiento y madurez y siempre acaban expresándose. ¡Unas vacaciones de verano (que vayan desde junio a octubre) en un pequeño de 4 años es casi el 10% de su vida!

… y aprendiendo a enseñar…

Para terminar con esto recuerdo que hace poco me preguntaron que cómo seguía siendo mi formación, como entrenador, (dentro de una clase formativa), en una primera instancia resoplé desarmado por la pregunta porque la realidad es que el tiempo que le dedico actualmente a mi propia formación es muy bajo, mucho más del que me gustaría. Pero después pensé que siempre nos queda el día a día, el ensayo error, los coloquios con otros compañeros y… lo más importante: aprender de tus jugadores, que a veces son jugadores de muchísimo nivel, jugadoras de primera división con las que convivo a diario, y otras esto engloba aprender a diario de las experiencias, las reacciones y los comportamientos de niños de tan solo 5 o 6 años con los que también convivo, aprender de su inconsciencia, de su desconocimiento, aprender de su ingenuidad y de su creatividad; es sin ninguna duda una gran formación. Diseñar una tarea de paredes y pase al segundo palo y escuchar a un niño de seis años decirte que está mal diseñada porque todos no están pasando por todas las posiciones es una sensación de orgullo indescriptible, muchísimo mayor que la del niño que se regatea a

todo el equipo contrario y marca gol. A veces se nos olvida lo más importante: enseñar a pensar, formar personas.

Iván Labrado Fernández.

Entrenador de Fútbol Sala Nivel II.

Coordinador técnico de fútbol sala en el C.D. Alkor-Villalkor.

Entrenador del FS Leganés Masdeporte en 1ª División Femenina.

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