
Un atacante que no deja traslucir sus propósitos, o que es capaz de crear la apariencia de un propósito que no es el que en realidad tiene, es un jugador complicado para los defensores.
Sin embargo la dinámica del juego no les permite a los jugadores, en la mayoría de las ocasiones, preocuparse de la imagen que están dando.
No estamos dentro de una obra de teatro, donde hay un guion con más o menos sorpresas. Estamos en una actividad donde los jugadores deben ser capaces de interpretar lo que pasa, las circunstancias que se suceden y cambian de forma vertiginosa, y adaptar su reacción en el mínimo tiempo posible en una lucha constante con los rivales.
Ya he dicho en muchas ocasiones que en el fútbol sala “no gana el que más sabe sino el que antes y mejor reacciona” En estas condiciones, el que juega con un nivel de autoconciencia alto, el que continuamente “reflexiona sobre sí mismo” y trata conscientemente cada pormenor de lo que hace, se queda muchas veces fuera de juego. No se trata de actuar de forma inconsciente, sino de centrarse en los objetivos y reaccionar a los estímulos externos más significativos, evitando el continuo autoanálisis.
Cuando se trata de controlar de forma exhaustiva la propia actuación se pasa de ser actor a ser espectador y el rendimiento cae en picado. La gente admira a los jugadores que “saben leer el partido”, pero a mí me gustan mucho más los jugadores que “lo escriben”. Y lo escriben los que, reaccionando antes, obligan a los demás a actuar en el escenario que ellos crearon y en las circunstancias que ellos impusieron.
La verdad es que para ser eficaz se debe jugar en gran medida intuitivamente. No obstante, lo que uno hace constituye el lenguaje visual con que se interrelacionan los jugadores. Todos: compañeros y rivales. Los gestos delatan – o no – las intenciones.
¿Cómo controlar los gestos sin preocuparse por ellos?
La respuesta es simple: a través de un trabajo técnico adecuado. Cuando un entrenador piensa en la forma más adecuada de hacer las tareas habituales del juego no solo tiene que tratar de optimizar el resultado mecánico – la potencia y la precisión en el caso del chut, la capacidad de cambio de dirección y de ritmo en las fintas, la seguridad en el pase, etc. – sino también debe preocuparse de la información visual que ofrece el jugador que las ejecuta.
La técnica, además de preocuparse por la eficacia mecánica, debe de tener el propósito de “esconder y engañar”. En el caso concreto de la construcción colectiva del ataque posicional hay cuatro aspectos técnicos – relacionados con la “argamasa” del juego colectivo: el pase y las fijaciones – que deben cuidarse especialmente.
- Pasar en todas direcciones sin necesidad de cambiar la orientación corporal Supongo que ya lo habéis comprobado en vuestro trabajo diario en las canchas, pero si no habéis reparado todavía en ese detalle, fijaros en que la mayoría de los jugadores tienen la tendencia natural de orientarse hacia donde van a pasar. La orientación de su cuerpo delata la más que probable dirección del pase. Y esto es otra ventaja para los defensores. A través del trabajo técnico se debe conseguir que los jugadores sean capaces de pasar en cualquier dirección – hacia el frente o hacia atrás, hacia la derecha o hacia la izquierda – manteniendo la orientación que llevaban, sin “enfocarse” hacia la dirección del pase.
- Pasar con “gestos cortos” La mayoría de los pases – errores técnicos aparte – se pierden por interceptaciones de los defensores. Las interceptaciones se consiguen a través de la anticipación, y la anticipación del defensor está fundamentada en la información visual que este recibe del atacante. Cuando los atacantes tienen el hábito de utilizar recorridos muy amplios de pierna para efectuar cualquier tipo de pase, la información visual que recibe el defensor es muy clara y el tiempo de ejecución – y por tanto de reacción para el rival – muy grande. Por eso el fomentar el hábito de pasar el balón con gestos cortos y rápidos, evitando cualquier movimiento superfluo, es un detalle técnico de calidad que dificulta – mucho más de lo que pueda parecer a primera visa – las interceptaciones de balón de los defensores.
- Separar mirada / pase. Otro indicio habitual que debe ser corregido con el entrenamiento técnico, es el hábito natural de enfocar con la mirada el destino del balón. La capacidad de separar mirada / pase, el pasar a compañeros que están en el campo de visión periférica – incluso fuera del campo de visión – sin necesidad de previamente hacer un contacto visual directo, es otro de los objetivos para aumentar la calidad técnica del pase de los jugadores en el ataque.
- Hábitos rutinarios del jugador con balón para mejorar la capacidad fijación. El jugador con balón es el centro de atención – sin balón no hay gol – y la forma de actuar con el balón con el pie es, tal vez, la información visual más relevante para el defensor. Si el jugador que tiene el balón da “sensación de peligro”, la respuesta inmediata de los defensores será la de tratar de contrarrestar esta amenaza. Si, por el contrario, la información que llega del posesor del balón es la de “ausencia de riesgo”, los defensores quedan liberados para centrarse en otras tareas – cortar los posibles pases que den continuidad al juego, cerrar los espacios en las zonas de más riesgo, ayudar a los compañeros, etc. – Atacar una defensa es, en esencia, llegar a hacerla vulnerable a través de amenazas sucesivas, encadenadas de tal forma que llega un momento en que los defensores no pueden amortizar el peligro creado. Un solo jugador con balón que deja de atacar la portería es suficiente para que la defensa pueda amortizar todas las desventajas que haya acumulado hasta ese momento. El jugador con balón debe dar siempre “imagen de peligro” y son las rutinas implantadas en su forma de actuación las que le hacer aparecer como peligroso hasta casi sin proponérselo.
Concretamente, mi opinión es que se debe habituar a los jugadores mediante el trabajo diario a cumplir siempre las siguientes normas en el Ataque Posicional:
- Los pies deben estar dirigidos a portería en la parte final de cualquier acción con balón
- Se debe jugar con la vista puesta en la portería es la parte final de la acción con balón.
- En la primera línea se deben emplear mayoritariamente pases.
Esto permite dar sensación permanente de ataque a portería y desviar la atención de otros propósitos. La técnica proporciona al jugador hábitos inconscientes que, si el trabajo es correcto, hacen que la imagen del jugador sea impenetrable durante el juego o, al menos, hacen que su actuación futura sea difícilmente predecible.